Personalidad ecléctica y creativa, arquitecto pero también decorador de interiores y escenógrafo, Mallet-Stevens fue en los años ‘20 el exponente más significativo de la corriente cubista-Déco, que, en el marco del modernismo, se oponía la racionalista de Perret, Baudot y Le Corbusier.
Los rasgos principales de su estilo son su marcada propensión a la funcionalidad del objeto, la esencialidad de las líneas, la libertad de los volúmenes. Su arquitectura, de formas geométricas y limpias, era de las más célebres en el París de entreguerras.
Fue también presidente de la Union des Artist Modernes, asociación que reunía a los arquitectos y diseñadores que defendían el uso de nuevos materiales y la producción en serie, convencidos de que la decoración del futuro debía ser simple y conforme a las necesidades de la vida contemporánea.
Muchas de sus obras han sido redescubiertas y estudiadas sólo a distancia de cien años de su nacimiento, cuando la complejidad de su figura ha suscitado un nuevo interés en los estudiosos.